Al cumplir 5 años, la mayoría de quienes pertenecen a grupos culturalmente dominantes ya tiene algún tipo de prejuicio racial o étnico.[1][2][3] Sí, también su propio hijo o hija.[4] Este tipo de prejuicios son omnipresentes, independientemente del periodo histórico y de la cultura. A día de hoy, ninguna intervención conductual ha logrado reducirlos de forma generalizada y a largo plazo. Sin embargo, sería problemático concluir que el racismo es innato, por tres motivos.
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En primer lugar, la raza es un constructo social, no biológico ni genético.[5][6] En segundo lugar, entre unos niños y otros puede haber grandes diferencias en cuanto a la edad en que desarrollan un prejuicio racial y la magnitud de este.[7] Y, por último, si se considera que los prejuicios raciales son inevitables, se exime a las personas adultas de la responsabilidad de garantizar que los niños y las niñas desarrollen una visión del mundo antirracista.[8][9][10][11]
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Entonces, ¿cómo se forman los prejuicios raciales? Y ¿qué podemos hacer para interrumpir este proceso y fomentar las visiones del mundo antirracistas?
¿Cómo surgen los prejuicios raciales?
Durante la infancia el aprendizaje tiene lugar mediante la observación de patrones en el mundo y la formación de creencias sobre los motivos de esos patrones. La segregación y la desigualdad étnicas y raciales están muy extendidas en todas las sociedades del mundo, y todos los días los niños y las niñas tienen la oportunidad de ver cómo funciona el racismo interpersonal y estructural.[12][13][14]
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Con todo tipo de experiencias (como ir andando al colegio con papá o mamá, jugar en casa de otra familia o pasar la tarde en un parque), los niños y las niñas aprenden mucho sobre la segregación, la desigualdad y los prejuicios imperantes en sus barrios. Por ejemplo, ¿cómo tratan los y las docentes a los estudiantes de otras razas?[15] ¿Quiénes viven en barrios de ingresos más altos y más bajos?[16] ¿Quién juega con quién en el parque?[17] ¿Cómo reacciona mamá cuando pasa cerca una persona de una raza diferente?[18]
Brey, E., & Pauker, K. (2019). Teachers’ nonverbal behaviors influence children’s stereotypic beliefs. Journal of experimental child psychology, 188, 104671. https://doi.org/10.1016/j.jecp.2019.104671
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Con este tipo de experiencias, los niños y las niñas hacen suyos los patrones de segregación, desigualdad y prejuicios por motivos raciales, sean o no sus familias conscientes de ello. Ya desde los 4 o 5 años, el 68 % de la población infantil estadounidense da por hecho que cada niño o niña prefiere jugar con amigos de su misma raza, y el 63 % asocia a las personas blancas con la riqueza y a las negras, con la pobreza. En otras culturas se han documentado porcentajes similares, y estos aumentan con la edad.[19][20][21]
Olson, K. R., Shutts, K., Kinzler, K. D., & Weisman, K. G. (2012). Children associate racial groups with wealth: Evidence from South Africa. Child development, 83(6), 1884–1899. https://doi.org/10.1111/j.1467-8624.2012.01819.x
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El hecho de ser conscientes de la segregación y la desigualdad racial no tiene por qué ser un problema (es más, darse cuenta del racismo es el primer paso para combatirlo), pero si los niños y las niñas se forman creencias para explicar por qué existen estas cosas, pueden surgir predisposiciones dañinas. En torno al 70 % de la población de entre 4 y 5 años cree que sus familias preferirían que jugasen con niños y niñas de su misma raza, y el 48 % piensa que las desigualdades raciales se deben a diferencias internas entre los grupos raciales. Se ha comprobado que quienes tienen este tipo de creencias durante la infancia desarrollan más prejuicios raciales con el tiempo.[22]
Rizzo, M. T., Green, E. R., Dunham, Y., Bruneau, E., & Rhodes, M. (2021). Beliefs about social norms and racial inequalities predict variation in the early development of racial bias. Developmental science, 25(2), e13170. https://doi.org/10.1111/desc.13170
Estas actitudes y creencias que surgen en fases tan tempranas tienen implicaciones importantes en los comportamientos infantiles; por ejemplo, a la hora de decidir con quién jugar, quién adopta posiciones de liderazgo y cómo asignar los recursos.[23][24][25] Los niños y las niñas de grupos marginados padecen más estrés, tienen menos bienestar y un menor sentimiento de pertenencia, y ven limitado su acceso a oportunidades educativas y extracurriculares debido a los prejuicios de otros niños.[26][27]
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Para interrumpir el ciclo de la segregación racial y la desigualdad, los programas tienen que afrontar el modo en que un niño o niña se explica el racismo interpersonal y estructural que ve en su entorno, además de hacer hincapié en que se trata de sistemas injustos que pueden cambiar y que se deben combatir.
¿Cómo promover mentalidades antirracistas?
Hay que investigar más para dar con directrices sólidas y generalizables que permitan promover visiones del mundo antirracistas durante la primera infancia, especialmente entre los grupos dominantes o mayoritarios, en los que es más probable que se desarrollen prejuicios raciales.[28][29] De todas formas, tenemos tres sugerencias para quienes se ocupan del cuidado infantil.
Dunham, Y., Stepanova, E. V., Dotsch, R., & Todorov, A. (2015). The development of race-based perceptual categorization: Skin color dominates early category judgments. Developmental science, 18, 469–483. https://doi.org/10.1111/desc.12228
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1 Tomar medidas concretas para reducir el racismo en el entorno del niño o niña
Los niños y las niñas desarrollan actitudes raciales al observar el mundo que los rodea. Si los cuidadores y las cuidadoras hacen algo concreto para corregir la desigualdad, la segregación y los prejuicios raciales que existen en el entorno de los pequeños, los ayudarán a ver cómo debería ser el mundo y serán un modelo para lograr un cambio antirracista.
2 Supervisar sus propias acciones y las de las personas de su entorno
Los niños y las niñas sacan conclusiones al observar cómo se comportan con los demás las personas adultas de su entorno[30][31][32]; por ejemplo, cuando su madre se pone nerviosa si pasa cerca un hombre negro o cuando el dependiente de una tienda mira mal a un cliente de habla hispana.[33]
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Quienes se ocupan del cuidado infantil tienen que reflexionar a fondo sobre sus propios prejuicios y los de las personas adultas de su entorno y esforzarse por corregirlos por completo. Por ejemplo, si una persona adulta presente en la vida del menor expresa opiniones racistas, conviene intervenir y vigilar el tiempo que pasa con el pequeño. Asimismo, se debería hablar con el niño o niña sobre estas personas y explicarle por qué lo que dicen está mal y hace daño. Los talleres anti-prejuicios brindan oportunidades de formación y reflexión eficaces para afrontar estas experiencias.
3 Prestar atención a las creencias de los niños y las niñas, no solo a sus comportamientos.
No espere a que un niño o niña se comporte de forma prejuiciosa, pues para entonces las creencias fundamentales ya se habrán formado. Es mejor tratar de comprender cuanto antes las creencias que los niños y niñas van desarrollando para corregir las que sean problemáticas y estereotipadas antes de que los lleven a adoptar comportamientos discriminatorios.
Se ha observado que, cuando se señala y condena explícitamente los comportamientos racistas, se generan menos prejuicios raciales durante la infancia.[34] Si su hijo o hija va a un colegio racial o étnicamente diverso, pregúntele qué tal se llevan en clase, con quién prefieren jugar los demás y si hay algún niño o niña con quien no les guste estar. Busque patrones de comportamientos racializados e intervenga de inmediato.
Perry, S. P., Skinner-Dorkenoo, A. L., Abaied, J. L., & Waters, S. F. (2022). Applying the evidence we have: Support for having race conversations in White U.S. families. Perspectives on psychological science, 17, 895–900. https://doi.org/10.1177/17456916211029950
Si la escuela es racial o étnicamente homogénea, hable de niños y niñas de otros grupos (por ejemplo, personajes de cuentos o programas televisivos) y pregunte a su hijo qué tal cree que se llevarían con ellos en el cole. Cuando pasen por otros barrios, pregúntele qué le parecen las casas (por ejemplo, ¿hay diferencias de tamaño?) y la gente que ve. Con un lenguaje sencillo, explíquele que hay quien tiene más privilegios y oportunidades en la vida y, de este modo, puede permitirse una vivienda más grande.
El objetivo de estas conversaciones no debería ser minimizar la desigualdad o la segregación racial, sino explicarlas. Si los niños y las niñas entienden que el racismo interpersonal y estructural es una característica de sistemas injustos que hay que combatir y poner en entredicho activamente, se podrá empezar a interrumpir el ciclo del prejuicio.








